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15 de diciembre de 2008    |    1 Comentarios
La sobredotación y Altas Capacidades

Los niños con sobredotación intelectual o con altas capacidades deberían ser una de las canteras más sólidas de nuestra enseñanza de excelencia y, sin embargo, son los más olvidados aun en contra del desarrollo de un derecho básico reconocido de forma específica en la legislación educativa??

 

Los expertos coinciden en reconocer que en nuestro país no existe tradición en lo que se refiere al trabajo específico con este tipo de alumnos, que apenas existen medidas concretas más allá de algún proyecto y algunas otras surgidas de iniciativas particulares. Esto hace que se acumule un retraso considerable en el tratamiento de la sobredotación intelectual respecto a los sistemas educativos de otros países, en los que esta problemática está definitivamente asumida por la sociedad y tratada desde instituciones y organismos con amplia experiencia.

 

En España, los programas concretos de atención a la diversidad van siempre dirigidos a aquellos con más dificultades. Todavía hoy dentro del propio mundo educativo es frecuente que este concepto aparezca asociado a los alumnos que presentan algún tipo de déficit intelectual, sensorial, etcétera, descuidando en ocasiones el trabajo específico con los alumnos con altas capacidades cognitivas o sobredotación intelectual, que sigue siendo el gran colectivo ignorado. A ello contribuye el prejuicio tan extendido de que estos alumnos son capaces de desenvolverse por sí mismos, o incluso de que su atención supone fomentar una cultura elitista.

 

Apremia dar una respuesta educativa más adecuada a estos alumnos, así como adoptar las medidas necesarias para identificar y evaluar de forma temprana sus necesidades, ya que un diagnóstico precoz es lo más adecuado para que esta actitud intelectual no se convierta en un problema.

 

Urge también que se pueda flexibilizar la duración de los diversos niveles y etapas del sistema educativo para estos alumnos, independientemente de su edad. Igualmente es necesario potenciar la formación del profesorado y orientadores, que en la mayoría de los casos carecen de recursos para detectar a los superdotados. Con una buena formación en este campo los docentes son unos excelentes identificadores junto con los padres, aunque estos hoy, cuando averiguan que su hijo es superdotado, en general se encuentran absolutamente faltos de conocimientos y sin apoyos por parte del sistema educativo. Es precisamente este el que debería establecer una relación con las familias, consiguiendo la colaboración de estas, integrándolas en los procesos de identificación e informándolas puntualmente sobre las medidas que se toman y la evolución del niño.

Resulta imprescindible dotar a los centros educativos de una estructura estable que se ocupe específicamente de la atención de estos alumnos, no sólo de su detección, sino de su seguimiento y su evolución.

 

Es un derroche que estos cerebros se pierdan, pues la mayor riqueza de un país son sus ciudadanos, y estos jóvenes forman la cantera de donde se podrían extraer los futuros científicos, investigadores o artistas. Por lo tanto, no podemos permitir despreciar su valía y debemos poner los medios necesarios para evitar el despilfarro de tanto talento.



15 de diciembre de 2008    |    1 Comentarios
Superdotados

Los niños con sobredotación intelectual o con altas capacidades deberían ser una de las canteras más sólidas de nuestra enseñanza de excelencia y, sin embargo, son los más olvidados aun en contra del desarrollo de un derecho básico reconocido de forma específica en la legislación educativa?

 

Los expertos coinciden en reconocer que en nuestro país no existe tradición en lo que se refiere al trabajo específico con este tipo de alumnos, que apenas existen medidas concretas más allá de algún proyecto y algunas otras surgidas de iniciativas particulares. Esto hace que se acumule un retraso considerable en el tratamiento de la sobredotación intelectual respecto a los sistemas educativos de otros países, en los que esta problemática está definitivamente asumida por la sociedad y tratada desde instituciones y organismos con amplia experiencia.

 

En España, los programas concretos de atención a la diversidad van siempre dirigidos a aquellos con más dificultades. Todavía hoy dentro del propio mundo educativo es frecuente que este concepto aparezca asociado a los alumnos que presentan algún tipo de déficit intelectual, sensorial, etcétera, descuidando en ocasiones el trabajo específico con los alumnos con altas capacidades cognitivas o sobredotación intelectual, que sigue siendo el gran colectivo ignorado. A ello contribuye el prejuicio tan extendido de que estos alumnos son capaces de desenvolverse por sí mismos, o incluso de que su atención supone fomentar una cultura elitista.

 

Apremia dar una respuesta educativa más adecuada a estos alumnos, así como adoptar las medidas necesarias para identificar y evaluar de forma temprana sus necesidades, ya que un diagnóstico precoz es lo más adecuado para que esta actitud intelectual no se convierta en un problema.

 

Urge también que se pueda flexibilizar la duración de los diversos niveles y etapas del sistema educativo para estos alumnos, independientemente de su edad. Igualmente es necesario potenciar la formación del profesorado y orientadores, que en la mayoría de los casos carecen de recursos para detectar a los superdotados. Con una buena formación en este campo los docentes son unos excelentes identificadores junto con los padres, aunque estos hoy, cuando averiguan que su hijo es superdotado, en general se encuentran absolutamente faltos de conocimientos y sin apoyos por parte del sistema educativo. Es precisamente este el que debería establecer una relación con las familias, consiguiendo la colaboración de estas, integrándolas en los procesos de identificación e informándolas puntualmente sobre las medidas que se toman y la evolución del niño.

Resulta imprescindible dotar a los centros educativos de una estructura estable que se ocupe específicamente de la atención de estos alumnos, no sólo de su detección, sino de su seguimiento y su evolución.

 

Es un derroche que estos cerebros se pierdan, pues la mayor riqueza de un país son sus ciudadanos, y estos jóvenes forman la cantera de donde se podrían extraer los futuros científicos, investigadores o artistas. Por lo tanto, no podemos permitir despreciar su valía y debemos poner los medios necesarios para evitar el despilfarro de tanto talento.